Hola, tal como lo hemos prometido, estamos de nuevo contigo para contarte los detalles de una historia que ejemplifica en qué momento te puedes encontrar en un peligro de diagnóstico que te coloque frente a la delgada línea amarilla.
La delgada línea amarilla representa esa frontera en el camino que nos indica un límite que no debe rebasarse, tal como en la carretera nos señala el peligro de abordar el carril opuesto, nos avisa de la inminencia de un accidente, que puede comprometer incluso la vida.
Es una circunstancia análoga cuando expones tu salud y la de tu bebé –en un caso de embarazo- al realizarte un estudio de ultrasonido en un lugar “cualquiera”; remarcamos la idea de cualquiera porque, como hemos explicado con anterioridad el 99% de las personas que “realizan estudios de ultrasonido”, no están suficientemente capacitadas para ayudarte en un diagnóstico efectivo que sea capaz de descubrir un transtorno o que, por el contrario, felizmente pueda asegurarte que estás muy bien y que no existen riesgos en tu embarazo. Esa disyuntiva es la delgada línea amarilla, desde el momento en que te pones en manos de personas con baja calificación profesional y equipo inadecuado, estarás rebasando esa línea que te llevará a la zozobra de la salud y los gastos onerosos e interminables.
En este sentido te contaremos una experiencia que nos ha impactado, por lo cercano que nos resultó y que lamentablemente resulta en un claro ejemplo de los que significa cruzar esa delgada línea amarilla:
El protagonista de nuestro caso es un varón de 67 años, un hombre activo que al no tener antecedentes de condición enfermiza, comía de todo y en todos lados.
Una noche de navidad, inició con un dolor en el costado derecho. Y decidió tomar un analgésico. En retrospectiva, es en ese momento en que decidió cruzar la línea amarilla: el medicamento autorecetado le calmó el dolor un día, pero siguió presentándose, y le calmó una semana, seis semanas y cada día el dolor aumentaba en intensidad. Cuando la persistencia del dolor comenzó a preocuparle, cruzó nuevamente ésa línea amarilla: decidió consultarse con un médico general que se desempeñaba como médico familiar en una empresa –ignorando sus antecedentes de salud previa y el gradual empeoramiento de su condición-. Como fruto de esta consulta médica determinaron que se trataba de una contractura muscular. Y así fue llevado por el tiempo que les hemos mencionado, cada día sometía a su cuerpo a una cierta cantidad de pastillas para el dolor. En tanto duraba el efecto de las mismas las cosas iban bien, seguía comiendo y comía más sin vomitar nada. Sin embargo continuaba manifestándose el dolor, de manera más frecuente y cada día más intenso. A las seis semanas como les comentamos, el dolor era ya incontrolable.
Es en este momento de manifestación intensa del dolor, cuando decide corregir el rumbo, reconocer la delgada línea amarilla y comenzar por el principio: decide realizarse un estudio de ultrasonido. Él nunca se había sometido a uno, además no era adepto a médicos, ni medicamentos ni nada: él se curaba solo y no consultaba a nadie.
Un 26 de enero –del año en curso- llegó conmigo con la intención de que observara la “contractura muscular” –Que ya no me deja estar tranquilo- dijo, mientras me marcaba con su dedo toda el área de dolor.
Inicié el rastreo ecográfico justo en el área que me indicó, ¡sin encontrar ningún rastro de contractura! Ante esta circunstancia decido bajar unos milímetros de la zona en búsqueda de la causa real del dolor. En este punto comienzo a observar una masa anómala, después un quiste, así continué por toda la parte derecha del abdomen hasta llegar a la vejiga, sin dejar de observar que la masa mixta se extendía por toda el área observada, seguí la observación hasta cruzar la línea media del cuerpo cerca de la vejiga hasta llegar al lado opuesto, en el riñón izquierdo. En todo el recorrido de análisis encontré masas, masas, quistes y más quistes. Imágenes que se encontraban en un espacio muy difícil de llegar para establecer un diagnóstico de precisión. Comencé entonces a procesar mentalmente todos los tumores que he visto a lo largo de 40 años de ejercicio profesional y pude lograr en unos minutos, sin más estudios ni más gastos, un diagnóstico certero. Posteriormente mi diagnóstico demostró su precisión ya que se realizaron –para complementar o ratificar- radiografías, resonancia magnética con medio de contraste, tomografía computada, estudios de laboratorio, PET-CT (un procedimiento nuevo para poder rastrear hasta donde llegaba esta gran masa descrita).
A las 48 horas se había formado un grupo importante, multidisciplinario, de médicos, incluido el patólogo fueron 5 médicos especialistas quienes participaron en una cirugía de exploración. Este patólogo analizaba cada tejido extraído y los guiaba en el avance de la cirugía, orientándolos también respecto a la naturaleza de la extirpe: -Este trozo es benigno, este otro tiene características malignas- les decía.
Luego de ocho horas terminó la cirugía, reconozco un trabajo muy arduo en ellos, porque el problema estaba localizado en el terreno más difícil de llegar en el cuerpo, reiterando el diagnóstico de alta precisión que previamente habíamos realizado.
Sin embargo, con todo el trabajo hecho durante la cirugía y que el producto de la misma fue revisado por cinco patólogos de diferentes entidades y niveles académicos, sin haber llegado al diagnóstico que inicialmente se emitió por ultrasonido.
En un término de ocho días, el paciente fue dado de alta, donde aparentemente todo se había terminado. Durante 24 a 48 horas, él se veía y se sentía mucho mejor. Lamentablemente tres días después inicia nuevamente el dolor costal , por el lado derecho. Aún con esta manifestación de dolor, él volvía a sentirse libre, considerando la experiencia como parte del pasado. El equipo de médicos que le asistieron durante la cirugía, tuvieron de alguna manera, un seguimiento del caso; no se explicaban claramente qué estaba pasando. Dos semanas después de la intervención seguían dando vuelta a ciertas grandes interrogantes ¿Qué fue lo que extirpamos? ¿Por qué esto –lo que fuera- invadió tanto terreno corporal? ¿Por qué no procedimos a retirar el órgano donde se encontró el aparente origen de la gran masa? ¿Debemos ofrecerle quimioterapia? ¿Radioterapia tal vez? Todas estas inquietudes le fueron transmitidas en su momento al paciente, y éste, de pie siempre sobre la delgada línea amarilla, se negaba rotundamente a todas estas sugerencias, su única exigencia era –Quítenme el dolor.
La reaparición constante del dolor, le llevó a ser nuevamente hospitalizado, en donde de forma continua y sostenida le fue aplicado medicamento por vía parental (venoclisis o suero). Sin embargo tuvieron que pedir interconsulta a alguien especializado en bloquear el dolor, cualquiera que sea su origen. Tuvo éxito. El paciente comenzó a descansar e incluso dormía, ya que llevaba días sin hacerlo. Parecía entonces reconfortado. El dolor cedía y él, aparentaba tranquilidad.
Procedí a realizar un nuevo estudio de ultrasonido. Encontré nuevamente una masa que comenzaba a diseminarse. Para ese momento, el grupo médico entendió que no habría una segunda cirugía y que el camino a seguir era la quimioterapia y la radioterapia. Otra vez, sin reflexionar sobre sus decisiones anteriores, el paciente no aceptó el tratamiento que era su única alternativa. Nuevamente cruzó la delgada línea amarilla con una decisión que, 49 días después del primer diagnóstico, dejó un profundo dolor en su familia.
En este punto deseo dejarles algunas reflexiones desde mi postura como médico expuesto constantemente a este tipo de casos: ¿Por qué no acostumbraba revisarse periódicamente?¿Por qué sistemáticamente ignoraba la atención y credibilidad médica? ¿Por qué comía de todo sin medida?¿Por qué en el primer momento que decide atenderse opta por médicos que no le pueden ofrecer una solución responsable y profesional? ¿Por qué ese desprecio a la propia salud? Y como muchos más, y tantos otros ¿Por qué ser más adepto a remedios caseros, más que a medicamentos alternativos?
¿Por qué no poner su salud en manos de profesionales bien preparados? En el momento de ser descubierto un mal en sus etapas iniciales es muy probable que pudiese ser detenido, evitando cruzar esa delgada línea que separa el bienestar de lo adverso.
Finalmente, con posterioridad, me enteré que a pesar de todo: medicamentos, muchos médicos, exámenes extraordinariamente caros, cirugías, patólogos y re-ingreso a hospitalización, el diagnóstico –esa parte esencial de cualquier tratamiento- no lo tenían. El único que le representó valor y fue, al final, el verdadero, es el que le realizamos con ultrasonido.
Le invito a reflexionar en torno de lo descrito, el ultrasonido es una herramienta de diagnóstico satisfactoria y oportuna si se toma la dirección correcta, evitándonos molestias, dolor, gastos (¡súper gastos!) y peligros tan grandes como lo demuestra el caso expuesto y que, por el lado personal, me tocó vivir muy de cerca. Por favor, no cruce la delgada línea amarilla.
