Qué es la sacroilítis?
La inflamación de la articulación sacroilíaca se define como Sacroilitis. Este padecimiento puede presentarse de manera unilateral o bilateral, según presente inflamación en una o ambas articulaciones.
La sacroilítis es una afección de diagnóstico difícil, ya que su manifestación en radiografía es en una etapa tardía. Debido a estos retrasos en el diagnóstico se produce un contínuo deterioro de la articulación y la aparición de abscesos – inflamación e infección de los tejidos-.
Existen diversas causas que desembocan en la aparición de la sacroilítis: Artritis, embarazo, traumatismo e infección.
En la artritis: el desgaste contínuo del cartilago en torno a la articulación sacroilíaca.
Embarazo: Durante la gestación se produce una sobrecarga sobre la columna y la pelvis. Las articulaciones, en estos casos específicos, se debilitan por causa físicas y hormonales.
Traumatismo: Tras una caída o algún impacto puede arrastrarse la inflamación de la estructura sacroilíaca.
Infección: Sin ser una causa frecuente o común en este tipo de padecimientos podemos contar la osteomelitis – que es una infección del hueso- o cualquier otro tipo de infección como desencadenante de la sacroilítis.
Síntomas de la sacroilítis
– Principalmente se manifiesta por la presencia de dolor en la zona del sacro: en el glúteo, cadera y pelvis.
– En caso de que exista infección, puede presentarse fiebre
– Presencia de dolor al realizar las actividades diarias, éste se intesifica al permanecer de pie o durante caminatas prolongadas
– Sensación de quemazón en la pelvis
– Pérdida de movilidad
– Pérdida de peso
– Contracturas musculares de músculos adyacentes
Una vez que se ha detectado el padecimiento mediante métodos de diagnóstico como el ultrasonido, es posible ofrecer soluciones de atención para desparecer los síntomas de dolor y corregir el funcionamiento de la articulación.
El tratamiento de la sacroilítis comúnmente se enfoca en la prescripción de analgésico y antiinflamatorios. Existe también un enfoque fisioterapéutico que colabora al control del dolor y a mejorar la condición de la lesión: la masoterapia, el ultrasonido, el uso del láser y la magnetoterapia como técnicas de tratamiento. Para recuperar la movilidad y fortalecer la región se recurre a ejercicios de rehabilitación.
